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CIENCIA Y TECNOLOGÍA EN EL TRATAMIENTO DE LOS RESIDUOS URBANOS (parte 1)

A propósito del científico Modesto Montoya en el cargo de ministro de Ambiente en el país.

Nuestra realidad ambiental no solo enfrenta problemas coyunturales como el reciente derrame de petróleo de la empresa REPSOL, también afronta otros temas críticos y de larga vigencia como la deficiente gestión de los residuos sólidos urbanos, considerado dentro del caos urbano entre los 10 principales problemas ambientales políticamente prioritario en el Perú (E. Raez y M. Dourojeanni, 2016) Hoy que en el máximo cargo de la política y gestión pública ambiental tenemos a un científico resulta indispensable y urgente la aplicación de tecnologías para abordar de manera técnica y efectiva la solución de la contaminación de nuestras ciudades.

(*) Ada García Blasquez B.

Publicado: 2022-03-09

La gestión “moderna” de la basura o de los residuos sólidos urbanos (en adelante RSU) impiden su disposición final en relleno sanitario tal cual hayan sido generados. No solamente porque dentro de los RSU existen enormes volúmenes de recursos aprovechables, sino básicamente, para impedir la colmatación de los rellenos sanitarios existentes y la consecuente búsqueda de nuevas superficies donde disponer los desechos y sus consecuentes elevados costos de inversión.

Para disminuir las cantidades que van a relleno sanitario se recurre a los principios básicos de las tres “R”: Reciclar – Reutilizar – Revalorizar. Es decir, retirar todo aquello que sea posible, utilizando técnicas apropiadas de acuerdo con su composición y tratando adecuadamente a las fracciones más importantes de su estructura. De esta manera, al relleno sanitario solamente deben llegar desechos que no son de ninguna manera reaprovechables y que en la práctica no sobrepasa ni siquiera el 20% del volumen generado.

El conocimiento de la composición de los RSU es la clave primordial que permitirá seleccionar la tecnología más apropiada para su tratamiento, haciendo hincapié en las fracciones más importantes a fin de asegurar su mejor reaprovechamiento y evitar su envío a disposición final. La estructura de los componentes varía fundamentalmente en las diversas regiones del planeta, estando en función de los niveles económicos y socioculturales de la población, del clima, de las habitudes locales.

Es así que generalizando puede afirmarse que, en los países de altos ingresos económicos, los RSU están conformados en su mayoría por elementos inorgánicos (papel, cartón, plástico, metales, vidrio, textiles, etc.) cuya composición puede abarcar hasta un 75% teniendo menor incidencia los elementos de origen orgánico con una participación menor de hasta el 25% solamente.

En cambio, a medida que el ingreso de los países disminuye, la fracción orgánica va tomando mayor importancia y su composición, en lugares de muy bajos ingresos, por ejemplo, puede llegar hasta el 75% convirtiéndose en la fracción más importante en la estructura de los RSU.

Estas características determinan los tipos de tratamiento reservados a cada situación, en función de la caracterización de estos. Es así como es importante resaltar dos grandes familias de tratamiento de los desechos urbanos sólidos:

-Tecnologías térmicas, con recuperación de energía y calor: las denominadas “waste-to-energy” WTE (incineración, gasificación, pirolisis),

-Tecnologías bio-mecánicas TBM, destinadas fundamentalmente a tratar la fracción orgánica o bio-degradable de los desechos (metanización, compostaje)

Es evidente que los países de mayores ingresos adoptarán tratamientos que prioricen las tecnologías térmicas de recuperación de energía y calor, no solamente porque están adaptadas a su tipo de basura (con grandes componentes de residuos de alto poder calorífico) sino porque poseen los recursos financieros necesarios para su implementación.

Inversamente, los países de menores ingresos y recursos financieros utilizan prioritariamente tecnologías que traten en particular la materia orgánica, porque es la fracción más importante de sus desechos, produciendo elementos valorizables (biogás y compost) y reduciendo considerablemente las cantidades que se destinarían al relleno sanitario.

En la práctica, ambos tipos de tratamiento, tanto el WTE como el TMB, tienen como principio fundamental, en primera instancia, la recuperación de elementos reciclables que son valorizables, para enseguida utilizar los remanentes de residuos tanto inorgánicos como orgánicos para su tratamiento y valorización óptima de acuerdo a la tecnología adoptada, identificando y minimizando al mismo tiempo los inertes para su envío a disposición final. Esquemáticamente, podemos inferir que, bajo el concepto de manejo integrado de residuos, la organización de los flujos es el siguiente:

Ambas tecnologías se optimizan si se cuenta con un recojo selectivo porque facilitan su manejo y distribución. Sin embargo, esta no es una condición fundamental para proceder a ambos tipos de tratamiento; en caso de recojo mixto, donde las fracciones orgánicas e inorgánicas llegan mezcladas, estas pueden efectivamente ser separadas en planta a través de sistemas mecánicos de separación. Lograr un recojo selectivo del 100% de los desechos generados es una posibilidad todavía muy lejana para la mayor parte de los países, de donde existe la posibilidad de hacer uso de procedimientos existentes de separación mecánica in situ, es decir, en las plantas mismas.

De acuerdo con las tecnologías empleadas, puede de esta manera reducirse el envío de los desechos a relleno sanitario a niveles del 10 al 30% de los volúmenes generados, de manera efectiva y concreta, triplicando o cuadriplicando la vida útil de los sitios de disposición final y evitando la emergencia sanitaria que provoca la saturación de los rellenos sanitarios.

ADA GARCÍA BLASQUEZ B. Economista de la Energía y del Medio Ambiente, egresada de la Universidad Nacional Agraria de La Molina en Lima, Perú, MBA de Adelphi University en Nueva York, USA y DEA en Economía de la energía en el Instituto Francés de Petróleo en Francia. Ha participado en la redacción de dos planes nacionales en el Perú, el Primer Plan Nacional de Energía con la Cooperación Alemana y el CONERG (Consejo Nacional de Energía) y el Primer Plan Nacional de Gestión de Residuos sólidos con la Cooperación Francesa y el FONAM (Fondo Nacional del ambiente).


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